REFLEXIONES EN TIEMPOS DE ALARMAS – LA PARCIALIDAD DE LAS CUARENTENAS por Ismael Rins (Defensor del Pueblo de Río Cuarto)

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Ismael Rins, Defensor del Pueblo de Río Cuarto

Mientras estamos siendo atravesados (en toda la materialidad de la palabra) por una crisis socio sanitaria inconmensurable; y expuesto a la más absoluta incertidumbre y fragilidad, el sistema financiero pretende seguir operando en la “normalidad”.

Vemos (con evidencia) que “al sistema” le importan poco nuestras vidas, sólo le interesa su propia subsistencia, es decir, su propia dinámica de acumulación, en la que reproduce cada vez más desigualdades, pero en esta crisis ha quedado más que al descubierto que los mercados, que la circulación de dinero, dependen de la fuerza de trabajo de las personas, y  por consiguiente de la salud de la ciudadanía.  A tal punto  que muchos  de los gobiernos de  Europa reorientaron sus recursos a servicios sociales, Alemania y Francia son un claro ejemplo de ello. El propio Banco Mundial pidió la condonación de la deuda a los países más pobres, para que puedan direccionar esos fondos a combatir la pandemia, y nuestro país también suspendió la renegociación de la deuda, poniendo en primer lugar la salud de la población. Priorizar la salud, priorizar la vida, significa en este momento, orientar el gasto público para afrontar circunstancias excepcionales.

En este contexto de tragedia humanitaria a escala global, lo más perverso del sistema es que obligue a las personas “a salir” a pagar sus deudas. A exponerse en interminables colas ante bancos o entidades de cobro (pago fácil etc.) por temor a que le corten el servicio, o no poder afrontar en el futuro una deuda que se acumula.

Cabe reflexionar sobre lo imprescindible que se torna, no sólo la prórroga de los vencimientos, sino también una comunicación clara por parte de las empresas de servicios (publicos o asimilados) que se suspenderán los cortes. Lo  mismo con las personas con  créditos UVA; hipotecarios; planes de autos, etc.

En este momento nadie (menos “el sistema”) desconoce que las personas están sin poder trabajar y la gran mayoría sin percibir ingresos, no puede absorber (como lo están haciendo) los pocos ahorros que tienen en sus cuentas, porque los dejan en una condición de absoluta desprotección, inseguridad para continuar afrontando sus gastos de alimentación y con un endeudamiento a futuro. Es fundamental que se aplacen los pagos de préstamos personales e hipotecarios. No podemos permitir que el fin de la pandemia nos deje más endeudados por acumulación de servicios, tarjetas, alquileres impagos y los costos de los alimentos que no paran de aumentar.

Es imprescindible que los bancos, las empresas financieras, los que no han perdido nunca, asuman también la carga de transitar esta situación en la que todos perderemos, y no solo mientras dure la cuarentena. Tendrán que asumir la carga y sumarse al esfuerzo colectivo que hacemos todos para construir otra economía, una economía de base comunitaria y colaborativa, una reorganización imprescindible del destino de los fondos públicos y de la estructura tributaria.

Leí el mensaje del Papá para Pascua, diciendo que tal vez sea tiempo de pensar en un salario universal para los trabajadores informales, independientes, de la economía popular, el trabajo de cuidado de las mujeres, personas que no tienen un salario estable para resistir este momento. Yo creo que es tiempo de hacerlo efectivo, es urgente una renta básica universal, que para su efectividad debe ir unida a una ampliación de los servicios públicos.

La única salida es comunitaria, es colectiva, y la economía no puede estar ajena a ese mandato con una lógica de salvarse a sí misma. La oposición entre salud y economía es falsa, cabe preguntarnos ¿Que economía es posible sin  mundo, sin fuerza de trabajo, sin nosotros?

Esta crisis debe hacernos caminar hacia la construcción de una economía más democrática, ligada al paradigma del cuidado, la solidaridad, la interdependencia y la complementariedad. Necesitamos sostener la trama que reproduce la vida (humana y no humana) desde el cuidado, la salud y la educación sostenibles, desde una ética del cuidado, la responsabilidad, la solidaridad y más que nunca la igualdad.

La respuesta que demos mañana, es como habitemos esta pausa hoy, si vamos a parar para volver a lo mismo, o vamos a parar para encontrarnos, para tejer y tramarnos colectivamente, para desafiar lo establecido y volver a conectarnos con la tierra y la vida.

¿Podemos volver a la “normalidad” que éramos? ¿esa normalidad nos es la que nos condujo hasta acá? ¡¿No será que el problema era La normalidad que éramos?!.

La crisis debe ser una posibilidad de aprendizaje para un cambio profundo y sistémico, no para caer en falsas soluciones ni usar viejas recetas, en las que se aumenta la deuda pública y privada y se profundizan las desigualdades, sino para  caminar como humanidad a un pacto social, ecológico y económico.

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