LA LEY HA MUERTO por Daniel Llermanos

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1.- El vuelo

Los Tribunales son el lugar de la Espera -con mayúsculas- el sitio que alberga a la señora Esperanza, exclamó con fogosidad el abogado Ponciano Funes,  defensor del senador Salvatierra, al iniciar su alegato destinado a que se absolviera al legislador de todos los cargos relacionados con supuestos actos graves de corrupción denunciados por el partido que controlaba al oficialismo.

El discurso continuó con frases que intentaban dejar en claro que el debate legal había sido reemplazado durante esa gestión gubernamental en un tapón que clausuraba todo tipo de Esperanzas. Negar la esperanza –dijo- es condenar a los hombres al silencio, y debo recordar –agregó- que cuando la política entra por la puerta, la justicia huye por la ventana”.

Ninguno de los miembros del Tribunal pareció impactarse por las frases del abogado, que dicho sea de paso, no eran del todo orinales porque algunas ideas habían sido acuñadas dos siglos por el italiano Francesco Carrara. Los jueces no podían siquiera imaginar que inmediatamente sucedería un hecho tan inesperado como desconcertante.

Un fuerte viento cálido golpeó reiteradamente y con ferocidad los postigos que protegían los vidrios del ventanal del centro de la sala  hasta convertir los dos amplios paneles transparentes en miles de trozos cortantes que se esparcieron sobre el suelo y los  bancos de madera destinados al público que colmaba el recinto.

La sorpresa no finalizó allí. Una figura espectral, con aspecto de mujer anciana vestida de blanco voló hacia la calle como si el viento de una turbina la hubiera absorbido hacia sus entrañas.

Esa  imagen fantasmal provocó conmoción entre algunos asistentes y pánico entre otros. Algunos pugnaron por correr hacia el borde de la ventana para comprobar de que manera continuaba la extraordinaria secuencia, pero ninguno de ellos logró ver nada más. La mujer había desaparecido en el aire sin dejar ningún vestigio.

El silencio generalizado dio acabada muestra de la consternación vivida por los testigos del increíble vuelo.  En medio de ese mutismo tan elocuente, el defensor alcanzó a decir, mirando fijamente a los ojos del presidente del jurado:

Yo lo advertí, reitero mi pedido de absolución del señor senador.  

El Fiscal, tardó en reponerse. Por esa razón, su respuesta se hizo esperar. Dijo:

-Es puro ilusionismo señores jueces. El abogado Funes ha sido capaz de hacernos creer que las leyes de la física han sido vulneradas. Es cierto que no puedo explicar la levitación provocada a esa mujer vestida de blanco y mucho menos el estallido de los ventanales. Ha sido magia de escena, un truco, extraordinario por cierto pero un truco al fin. Todo lo que hemos visto, señoras y señores, no es otra cosa que un engaño.

El Defensor pidió la palabra:

-No he tomado clases de magia y jamás en mi vida pude sorprender a nadie. Ni siquiera a mis hijos en alguno de sus cumpleaños o en las noches de reyes. Carezco de capacidad para engañar al público ni tengo dotes actorales, tampoco de mentalista.

El Fiscal, ofuscadísimo, exclamó:

-Quiere hacernos creer que la Justicia se escapó por la ventana para que la condena ejemplar que pedí, si finalmente se aprueba, la sociedad vea en ella una pieza irritante, injusta.

Un ordenanza que cargaba un balde de plástico, una escoba de cepillos gastados y una esponja que chorreaba un líquido rojizo irrumpió en la sala del juicio  con cara de espanto, pidió perdón por interrumpir y dijo con una voz difícil de entender:

-Ví a una mujer ensangrentada descendiendo la escalera del sector de calabozos.

-¡Hable más fuerte que no se escucha bien!, exigió uno de los policías de la custodia.

El ordenanza, que  parecía estar muerto de miedo a juzgar por el temblor de sus manos, luego de dejar caer el balde, la escoba y la esponja, se hincó como si fuera a rezar y prosiguió:

-Bajaba la escalera como quien escapa sufriendo azotes desde las alturas. Otras veces la había visto, siempre durante escasos segundos, como si fueran apariciones. Nunca lo conté porque temí que me tomaran por loco. En las primeras apariciones, cuando yo era muy jovencito, era frecuente que ella luciera una corona plateada, sandalias doradas. Nunca pude verle la cara pero la imaginaba bella. Una mezcla de reina y de madre. Su presencia me inspiraba temor y a la vez serenidad. Algo parecido me ocurría cuando veía a mi madre. Creo que a mi papá le hubiera sucedido algo similar. Con una sonrisa más ancha que las solapas de su saco, solía decirme: Hijo, las mujeres son la ruina de los hombres. Elegí siempre la más linda porque malas son todas.

El fiscal hizo callar al ordenanza con un “basta ”. El ordenanza, intentó continuar pero el fiscal empleó militarmente la mano derecha indicando el camino hacia la puerta. El ordenanza obedeció pero antes de cerrar la puerta preguntó si su testimonio sobre la sangre de esa mujer tenía importancia.

-¿¡ Sangre!?, gritaron casi todos a coro, y el ordenanza regresó a la sala manchando con su andar el parquet con un líquido que parecía ensangrentado.

-Señoría, prosiguió, creo que a esa mujer la habían acuchillado o algo así. No sé si la sangre caía desde su larga espalda blanca o de su delgado cuello, lo que puedo asegurar es que sangraba mientras descendía gimiendo por la escalera. En su desesperada carrera dejó caer un papel  que no sé si se le cayó o si se trató de un mensaje.

-¿¡ Un papel?! Fue ahora la pregunta del coro.

El ordenanza extrajo del bolsillo del overol un papel cuadriculado y lo desplegó mientras avanzaba lentamente hacia el Presidente. El papel contenía una cincuenta letras sueltas y desordenadas. El Presidente miró una y otra vez la escritura en compañía de su secretario, dos ujieres y otros curiosos.

-No se entiende bien, dijo.

El Defensor, irónicamente acotó: En este Tribunal pocas veces las cosas se entienden bien.

El Presidente decidió un cuarto intermedio de dos horas para reflexionar con relación al fallo que debía dictarse luego de requerir la presencia urgente de peritos para que tomaran muestras del líquido rojizo y de las astillas de vidrio esparcidas en el recinto.

2.- La biblioteca

Los jueces desfilaron hacia la biblioteca para debatir allí la votación y consultar algunos fallos. Pidieron al prosecretario que buscara algunos libros de jurisprudencia y monografías referidas a los delitos de corrupción. El mozo del café USIA trajo tostados y bebidas frescas. El más joven de los vocales preguntó a sus colegas si no les extrañaba la demora del prosecretario.

El presidente contestó:

-Después de lo que acabo de ver, ya nada podrá extrañarme.

El prosecretario irrumpió a los gritos:

-Desaparecieron, desaparecieron todos los tomos, la biblioteca está vacía!

Efectivamente. Constituidos los jueces en la biblioteca comprobaron que todos los estantes estaban vacíos. Ni un solo libro, ni una carpeta.

El vocal más joven comentó que habría que hacer un acta y denunciar el robo de los ejemplares.

El presidente, muy alterado gritó:

-Pero…la puta madre, ninguna denuncia puede hacerse porque hace dos horas yo mismo estuve en esta biblioteca que tiene más de tres mil volúmenes y todo estaba en orden.

En el preciso momento en que el defensor ingresaba a la bibliteca, el otro vocal inquirió:

-¿Para Usted no pudo ser un robo?

El Presidente, más fastidiado aún respondió:

-Pero…pedazo de pelotudo…¿Quién y como podría haber sustraído del segundo subsuelo miles de libros en dos horas sin que nadie lo viera?.

-Y, desde esa perspectiva, no hay explicación, aclaró el prosecretario.

-Desde ninguna perspectiva hay explicación, concluyó el presidente.

El defensor dirigió sus ojos hacia la araña de 40 bombillas y exclamó:

-Los libros huyeron junto a la Justicia, o quizás la Justicia se llevó todos los ejemplares dejando un verdadero vacío legal. En esas condiciones debe absolverse. Sin ley no hay ni puede haber condena.

3.- La Corte

El presidente del Tribunal entendió que era inevitable informar inmediatamente los extraños acontecimientos al titular de la Corte Suprema. Llamó a su chofer y partió raudamente hacia la calle. La entrevista fue concedida de inmediato. El presidente del Tribunal narró detalladamente todo lo ocurrido a partir de la frase del defensor sin omitir ninguna circunstancia.

El juez de la Corte después de escuchar el relato, encendió su computadora, y le dijo a su atribulado visitante:

-Vea la pantalla.

-La estoy mirando.

-Ahora voy a entrar a Infojus, nuestra página de legislación.

El juez de la Corte manipuló algunas teclas y lo único que se podía leer era el título de la página.

¿Qué desea mostrarme excelencia?, preguntó el presidente del Tribunal.

-Eso que está viendo…no hay un solo dato en esta computadora, ni en la del Ministerio de Justicia ni en las Cámaras de Apelaciones, ni en el Congreso, ni en las Universidades. Ha desaparecido todo. Un ciber ataque tribunalicio. Eso ha ocurrido. Nos hemos quedado sin leyes, sin fallos, sin doctrina.

El presidente del Tribunal preguntó al cortesano si en esas condiciones se podía dictar sentencia en la causa del senador corrupto y la respuesta fue terminante:

-¿Con qué ley van ha dictar sentencia?. Seguidamente añadió: Convoque a las partes a ver si aceptan que se resuelva el caso sin textos a la vista.

-Así lo haré, respondió el presidente.

-Mantenga el tema en reserva, la situación es muy grave, pero supongo que muy pronto se resolverá, fueron las palabras finales del titular de la Corte.

El presidente del Tribunal subió a su auto y el chofer le mostró el celular para que viera la portada de uno de los diarios digitales más leídos: “La ley ha muerto”.

El magistrado –un hombre sin demasiada ejercitación para actuar ante cosas inesperadas- cerró la puerta con una violencia desmesurada y  por lo bajo expresó su desagrado con la situación:

-La puta madre.

-¿Que dijo? pregunto el chofer.

-Nada importante, vamos para Comodoro Py.

4.- La prensa

El chofer trató vanamente de eludir a las decenas de cronistas que pugnaban por entrevistar al presidente del Tribunal y terminó por detener el automóvil. El presidente bajó la ventanilla y los micrófonos se incrustaron en su cara como puños de boxeadores y las preguntas se amontonaron mezclándose entre sí  como confusas ráfagas de ametralladoras.

La gente de prensa quería precisiones respecto de algunas cuestiones que eran por cierto muy importantes:

¿Que pasará con Salvatierra?. ¿Es cierto que han desaparecido las leyes?. ¿Cerrarán los Tribunales?. ¿El Congreso tendrá que empezar de cero?. Los detenidos deberán seguir presos?. ¿Ahora existen los delitos?. ¿Hay que pagar el IVA?. ¿Y el reajuste para los jubilados?.

-Si no me dejan respirar no podré contestar, atinó a decir como en un ruego el presidente.

El chofer creyó necesario intervenir y respondió con un aire político:

-Nada hay que la justicia no pueda resolver, el silencio de las leyes e inclusive su ausencia, no impedirá que sigamos con nuestro trabajo.

Un periodista de TV, aprovechó para decir a su audiencia:

-A estos funcionarios, parece, lo único que les importa es conservar el trabajo.

Un gremialista de ese mismo canal tomó el micrófono y expresó:

-¿De que va a laburar este periodista que se especializa en Tribunales?. La ley es una fuente de trabajo.

Uno de los policías de la custodia acotó:

-¿Y nosotros…imagínense que haríamos sin delincuentes?.

-Tiene razón expresó un joven que había confesado ser fanático de la Ley y el Orden.

El chofer tuvo que aclarar que no era magistrado y que su función no era otra que trasladar a los Hombres de Ley de un lado a otro.

Esa serie también estaba buena dijo el amante de la Ley y el Orden.

Finalmente permitieron que el automóvil ingresara al playón del estacionamiento para que el magistrado continuara con el tema pendiente: Salvatierra.

5.- El debate

El presidente convocó para el debate al Fiscal, al Defensor, a los magistrados que oficiaban de vocales, a la secretaria y al prosecretario. Por otra parte, propuso a los fines de ordenar la discusión un temario destinado a resolver las siguientes cuestiones: 1) Si la mujer que voló por la ventana era realmente la Justicia. 2) Si la ausencia de leyes permitía dictar sentencia. 3) Si la Justicia admitía una sentencia sin leyes.

Señor fiscal, comenzaremos por la primera cuestión, díganos: ¿La mujer que voló por la ventana era realmente la Justicia?

-Carece de importancia determinar la identidad de esa mujer que todos vimos salir volando por la ventana porque la Justicia no es un ente, ni en el sentido de cosa material ni tampoco en el sentido humano. La Justicia jamás fue considerada, repito otra cosa un valente, como oposición a ente o materia.

Funes sintió la estocada y para no quedar herido recordó:

-La Fiscalía, en su formación jusfilosófica clásica, tiene un pensamiento binario, una suerte de blanco o negro, calor o frío, dios o el diablo. La realidad es mucho más compleja. La Justicia puede ser simultáneamente un ente y un valente del mismo modo en que una persona es materia y alma a la vez. No advierto contradicción alguna en afirmar que la Justicia pueda ser además de virtud, quizás la mayor de las virtudes sociales, una persona. ¿O acaso el hijo de Dios –Jesús- no era precisamente eso, una divinidad y un hombre.

Como la atenta mirada de los jueces, alternada con  algunas anotaciones que efectuaban en sus tablets, parecía dar crédito a la argumentación del defensor, el Fiscal entendió que debía dar un golpe fuerte y exclamó extendiendo su puño hacia el pupitre:

-Claro, diremos entonces que como la Justicia se fue de esta casa, la corrupción tiene piedra libre.

-Objeción, dijo Funes.

El Tribunal pidió que el abogado explicara en que consistía la objeción.

-La Fiscalía está utilizando un argumento amarillista señores jueces. No está en discusión en este recinto la posible responsabilidad penal del senador Salvatierra, sino algo mucho más importante. El tema central es determinar si la Justicia aún existe, porque si ella se ha marchado llevando consigo las leyes dictadas en su inspiración, es evidente que el mandato de Dios es suprimir la justicia humana, después de todo, seguramente habrá una justicia divina que terminará por resolver si Salvatierra es culpable o inocente.

El Fiscal entendió que estaba perdiendo la partida y sacó un as de la manga que serviría para demorar, cuanto menos, la decisión:

-Propongo que se abra a prueba esta incidencia. Que el Tribunal llame a declarar a teólogos, a juristas de renombre internacional y a filósofos.

El presidente dio traslado de la iniciativa a la defensa:

-Entiendo que el tribunal debe dar acogida favorable a la propuesta del Fiscal.

Luego de una breve deliberación, el tribunal resolvió hacer lugar a lo peticionado y en virtud de la gravedad de la situación y la necesidad de contar con mentes brillante, ordenó que se citara en un plazo de siete días a grupos de teatro para que personificaran a hombres y mujeres ilustres del pasado para esbozaran la interpretación de los hechos que ellos darían si hoy estuvieran entre nosotros. Se cerró la audiencia de este modo:

-El lunes próximo declarará Sócrates.

El prosecretario mirando al cafetero y sin disimular la sonrisa expresó en voz muy baja: Debe estar a la miseria pobre, después de beber cicuta.

El cafetero, intrigado, preguntó si se trataba de un tipo especial de ginebra.

-No. Un veneno, aclaró el secretario.

El cafetero mientras se rascaba la cabeza como si buscara entre sus pelos aclarar la frase, preguntó si era posible curarlo.

-Está muerto desde hace más de

 

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