Caminando por el túnel por Ricardo Rouvier

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Por Ricardo Rouvier

El Gobierno atraviesa su momento más difícil. Está amenazado en todos los frentes: el financiero, el económico, el político y el social. En todos sobrevuela la incertidumbre que indica que el Pte. Macri, ha perdido parte del timón que, en estos momentos, trata de recuperar. Esta incertidumbre se replica en todos los escenarios ya que no sabemos si el tipo de cambio se mantendrá en los valores actuales o va a ponerse en paralelo al ritmo inflacionario o podrá resistir las turbulencias de la situación financiera mundial. Y en lo económico; cuáles van a ser los daños en el nivel de actividad y el empleo, sobre todo a partir de imprimir más velocidad como aconseja el FMI, a la disminución del déficit fiscal; cómo se va a desenvolver el conflicto social que ha despertado y que se expandirá en las próximas semanas; y por último si el Gobierno recuperará la confianza perdida.

Las mediciones de opinión pública publicadas indicaban que se registra no sólo una caía de la imagen del Presidente sino también, y más profundamente aún, de la gestión. También esto afectó, aunque en menor proporción, a la dirigente de Cambiemos de mejor imagen la Gobernadora María Eugenia Vidal. Se registró además un arrepentimiento de un tercio de los votantes de Cambiemos en el ballotage del 2015. Esto quiere decir que la situación no sólo comprende el malhumor de los ciudadanos sorprendidos por los acontecimientos que están fuera de lo esperado, sino que amenaza en convertirse en una posición proactiva respecto al próximo turno.

El Gobierno parece haber perdido más de dos años en términos de su estrategia político diferenciadora de la etapa anterior, y apuntar a tener otro período de gestión 2019/23. Hasta  octubre del 2017 desarrolló exitosamente su práctica fundada en el marketing político, pero si bien esto es importante, no es suficiente, no excluye a la política. Al oficialismo le sucedió lo que pasó tantas veces en la práctica política, el éxito electoral confunde porque otorga una ilusión de invulnerabilidad. Lo de Octubre estaba ya diluido en Diciembre, y a partir de la Ley Previsional empezó el descenso de la popularidad que se aceleró hace pocas semanas con la crisis del dólar. Claro, en el mientras tanto hay que destacar: el tarifazo, el caso Triaca y la inflación.

El debilitamiento llegó acompañado por versiones de cambios en la estrategia para la próxima presidencial. Cosa que, por el momento, no creemos por más que suene lógico considerando que la alternativa de jugar la dama, tiene el fundamento de la popularidad de la gobernadora. Pero, nos parece que el oficialismo va a jugar su plan original que se apoya en el trío Macri-Vidal-Larreta.  Eso sí, si la situación se agravara en varios o en todos los frentes y las mediciones indican un naufragio de la imagen del Pte. (Temer en Brasil con el 8% de imagen positiva), entonces habría que modificar el plan.

Para reestablecer el comando de la situación el Gobierno intenta varios movimientos: uno de ellos es acudir a algo que le dio resultado en su momento, que es reinstalar la bipolaridad confrontando con la principal opositora según la percepción de los argentinos: Cristina F. de Kirchner.

Considerando que la ex Pta. tiene techo en su popularidad (ha crecido su imagen, levemente, en las últimas semanas) y en su intención de voto; entonces el oficialismo la ubica ahí omitiendo a los otros sectores de oposición, sobre todo al peronismo no k.  Justamente, en momentos en que los fragmentos del panperonismo tienden a acercarse y a dialogar, aunque para nosotros la unidad está lejos todavía, y será muy difícil lograrla al 100%.

Ahora bien, como sabemos, la “herencia recibida” es un argumento político que al pasar el tiempo se ha debilitado, no ha desaparecido, pero sí ha perdido fuerza porque el Gobierno ha empezado a heredarse a sí mismo y la focalización sobre CFK también debilita a los otros actores como gobernadores, legisladores, y dirigentes sindicales con los cuales se venía manteniendo el diálogo, justamente por no ser kirchneristas.  Es decir, que la iluminación que hizo el Pte. Macri sobre la ex Pta., opaca a los que compartían la mesa de negociaciones.  Los coloca a todos detrás de la figura de CFK; cosa que estos no aceptan.

El Gobierno atraviesa su momento más difícil, dijimos al comenzar esta nota. Esta es una crisis de credibilidad, de confianza en la administración central. Sobre el poder siempre hay un supuesto de saber, se presume que el poder sabe, pero una vez más, la sociedad está frente a una crisis que coloca a la política y a los políticos en los niveles más bajos de prestigio. Se siente, y esto provoca temor, que los problemas superan a los que están encargados de resolverlos, el Ejecutivo trasunta titubeos, dudas, como en la cuestión de las retenciones al sector agropecuario; o como la necesidad de ir al FMI que siempre es un recurso de última instancia.

Los argentinos empiezan a tomar conciencia de la gravedad de la situación, y esto ha caído como una sorpresa inesperada frente al marketing de la felicidad. Ante la pregunta de si el Gobierno puede recuperar lo perdido, la respuesta sería que no es imposible, pero si se repregunta sobre cuáles son las estrategias, la respuesta sería que los caminos son muy difíciles. Claro, lo que haría más difícil la continuidad de Cambiemos sería la construcción de una alternativa de poder por parte de la oposición.  Esto por el momento, no se ha concretado, aunque los fragmentos del peronismo están conversando; para un objetivo unitario; que por ahora es una carrera con obstáculos.

Lo que la política exige siempre, desde su naturaleza, es que el poder debe realizarse, el problema es cuando el poder se traslada a las incertezas, o está tan diseminado que no puede ejercerse. El gobierno camina por un túnel que está habitado de  incertidumbres; busca la luz al final del mismo; sino la encuentra fantasmas del pasado invadirán el espacio.

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