AMIA: ABSOLVIERON A TELLELDÍN

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Como era previsible, Carlos Telleldín fue absuelto en relación con el atentado contra la AMIA. Los fundamentos del fallo dictado de manera unánime por los jueces Andrés Basso, Javier Ríos y Fernando Canero del Tribunal Oral Federal 3 se conocerán recién el 26 de marzo, pero parece evidente que primó la falta de evidencias contundentes contra Telleldín, un armador de autos con partes robadas, al que no se pudo probar que supiera que la camioneta Trafic que vendió el 10 de julio de 1994 iba a ser utilizada ocho días después para el siniestro atentado contra la mutual judía. Por lo que se ha visto en todos estos años, los grupos fundamentalistas no recurren a personas ajenas a sus células, o sea no confían en quienes no estén alineados con su fanatismo. Por lo tanto, parece imposible que hayan tenido como cómplice conciente a Telleldín.

En sus últimas palabras antes del veredicto, Telleldín dijo: “Le vendí la camioneta a una persona normal, que vino por el aviso del diario y me pagó. Lo hice decenas de veces con otros vehículos y nunca una camioneta o coche que yo haya vendido se utilizó para ningún delito. Yo admito que equivoqué el camino al dedicarme a la actividad que me dediqué de vender vehículos con partes sustraídas, pero decir que yo debía representarme que la camioneta se iba a usar para un atentado es una locura”.

Las frases de El Enano, como le decían a Telleldín, resumieron la situación. La cuestión de fondo es que el Estado argentino fracasó en la investigación del atentado. No pudo determinar quién perpetró el ataque, de dónde salieron los explosivos, dónde se cargaron en la Trafic, quien preparó la bomba, quién la condujo hasta la AMIA, cómo ese individuo entró al país ni quién lo ayudó. O sea, no se pudo esclarecer nada del grupo terrorista.

En la causa judicial se acusa a Irán y en esencia al entonces agregado cultural de la embajada de Irán en la Argentina, Mohsen Rabbani, pero con pruebas muy circunstanciales. Que habló con teléfonos de la Triple Frontera, que usó el celular cerca de la AMIA, que ocho meses antes del atentado preguntó, vestido con la túnica islámica, por el precio de una Trafic en una agencia de vehículos usados de la avenida Juan B. Justo. Incluso la SIDE de entonces venía siguiendo a Rabbani por las sospechas relacionadas con el atentado contra la Embajada de Israel, pese a lo cual no consiguieron evidencias serias. Para sumar a eso, tampoco se encontró ningún vínculo entre Rabbani y Telleldín.

Parece obvio que la responsabilidad por el fracaso de la investigación fue, en primer lugar, de los servicios de inteligencia y las policías del Estado argentino, bajo el mandato del gobierno de Carlos Menen. En un segundo escalón estuvieron el ex juez Juan José Galeano y los fiscales Eamon Mullen y José Barbaccia, responsables judiciales. También cargan con responsabilidad los dirigentes de la comunidad judía que acompañaron al gobierno de Menem sin crítica alguna y lo mismo respecto de Galeano y todo el aparato judicial.

 

Al no saberse nada del grupo terrorista, la lógica derivación fue que tampoco se pudo establecer ninguna relación entre Telleldín y los atacantes. Ni siquiera se precisaron vínculos de El Enano con personas cercanas al terrorismo o al odio racial. Toda la prueba se centró en que Telleldín entregó una camioneta floja de papeles y que al comprador eso no le importó. Por lo tanto, debió representarse que era para un atentado. El Enano, asistido por la defensora oficial Verónica Carzolio, respondió que no tenía chances de imaginarse que alguien podría usar una camioneta para matar 85 personas. Estuvo preocupado porque el comprador tenía una forma de hablar centroamericana, pero después de la venta lo relacionó con un posible traslado de droga, nunca con un atentado. Los argumentos seguramente fueron considerados razonables por los jueces y tal vez lo absolvieron por el beneficio de la duda. Eso se sabrá cuando lean los fundamentos, en marzo.

También será interesante ver, una vez más, lo que dicen los jueces de la camioneta en sí misma. Telleldin y su abogada argumentaron que no hay prueba de la existencia de la Trafic, pero los fiscales -en este juicio Roberto Salum y Santiago Eyerhabide- ya aportaron evidencia demoledora de que el atentado se cometió con la camioneta. Utilizaron un microscopio de barrido electrónico con el que analizaron las piezas metálicas encontradas en los cuerpos de las víctimas. Ese estudio arrojó de manera concluyente que todos esos restos estuvieron sometidos a la explosión y que eran parte de una Trafic. Aun así, en sus últimas palabras, Telleldín alegó que esa prueba podía sembrarse, algo que no tiene lógica.

Finalmente, los jueces ratificaron que el atentado fue un delito de lesa humanidad, que por lo tanto es imprescriptible. Los magistrados entonces devolvieron el expediente al juzgado de primera instancia, que después de 26 años y medio debe seguir investigando todo lo que no se sabe del atentado. Se cerró así un juicio huérfano de pruebas que ratifica lo que sostienen los familiares y amigos de las víctimas: los asesinos siguen escapando impunes, entre otras cosas porque al principio, en el momento decisivo, el gobierno de Menem no exhibió ninguna voluntad política de investigar.

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